Está comprobado que la impresión 3D tiene multitud de aplicaciones en prácticamente todos los sectores de actividad, pero el sanitario es uno de los sectores en los que se espera mayor desarrollo.

Una de las principales ventajas que aporta la impresión 3D es la customización de los objetos que se imprimen, puesto que se pueden diseñar específicamente para cada caso. Esta característica en el mundo de la medicina y particularmente en el farmacéutico supone un verdadero avance.

En este campo, la impresión 3D ofrece la posibilidad de imprimir las dosis de medicamento que necesita cada paciente, combinar en una dosis todas las medicaciones compatibles que se han de tomar cada día o realizar réplicas faciales de cada persona para curar quemaduras o problemas de la piel, entre otras muchas utilidades que puede aportar.

Aunque hoy en día este tema se encuentra todavía en plena investigación tanto en laboratorios como en facultades, multitud de grandes empresas farmacéuticas ya se han interesado por estos proyectos por lo que se espera que se normalicen y lleguen al mercado en un futuro no muy lejano.

En cambio, otros sectores como la automoción, arquitectura, joyería o educación ya la están utilizando y los resultados obtenidos son inmejorables. Por lo tanto, queda demostrado que la impresión 3D no es una tecnología del futuro sino del presente con mucho futuro por desarrollar.

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